1 La ruina es lo único que define la mala situación. En el fuego no se cuecen las patatas con la coliflor. La despensa es tan amplia como el desierto los días de calor. Se apaga el frigorífico al sacarle el último chuletón. El teléfono los asusta con la voz del casero gruñón. Abren la ventana y ven el fin desde el se acabó. 2 Él se hunde en sus pensamientos y ella despierta de la depresión. Le tira el mandil al último plato y corre a peinarse con la ilusión. Del fondo de armario saca un vestido para disfrazarse de sé un montón. Llega a la entrevista con cara de niña y le pone nombre al enchufador. Esta vez funciona el papel currículum gracias a un enchufe que le da calor. 3 Empiezan a habitar los stocks la nevera gracias a un sueldo dividido en dos. El postre aparece tras el primer plato y es celebrada su aparición. Un día él encuentra una ocupación como hombre-chapuzas de un barrio mejor. Entonces mejoran el pobre menú con pescado fresco, carne y jamón. Vuelven a sentirse clase media los dos y van olvidando los tiempos de horror. 4 Las noches vuelven a ser noches llenas de amor, libres del frío que había entre pijama y camisón. No hay hielo caminando de la cocina al salón, ni llega un interrogante abriendo la preocupación. Se multiplican los besos entre palabras de amor; al olvido va pasando la última discusión. Miedo tuvo, ya no tiene, del fin de un sí pronunciado en una boda de iglesia, cola y vestidos blancos. |
martes, 26 de mayo de 2009
El regreso del postre
sábado, 23 de mayo de 2009
Adán, querido Adán
1 Ha amado hasta el divorcio impuesto a un Adán creyente, después se fue pidiendo la custodia de Abel, su Abel. Un puñetazo en las nubes le tiró una sentencia de dos hijos, la condenó a la cadena del trabajo, la hizo esclava del salario injusto y los horarios a ella, a Eva. Respondió alargando la sonrisa desde un lunes a un sábado, pintando los labios con pimienta abrazando la pancarta del amor. Respondió prestando manos cenicientas, dejando un sueño en el balcón, subiendo los pies a los tacones, comiendo la ira con salmón. 2 Invitaría a cada visitante a visitar su cueva, le serviría vino, le daría un presente, pondría en cada mano viva una azucena, cantaría la nana de los días alegres. Les diría bajito un único consejo: marchad y alegraros por tener vuestro infierno. El cielo es un calvario con una cruz clavada marcando la rotonda de las felicidades. No dice nada dice, calla callando tanto, sella con sus sonrisas las piedras de su casa. 3 Se asoma a la cueva de su hombre Adán y siente que regresa el aire enamorado. Suspira por su nombre, respira por su casa, encuentra en su despensa lo que en la suya falta. Adán sigue inspirando los bordados que hace cuando arrastra la aguja por la hierba del campo. Le duele tanto amarlo como odia encontrarlo y sentir que levita con su nombre en los labios. 4 Adán, querido Adán, has sido mi veneno, sigues siendo mi mal. Amarte es perder, odiarte es acabar, tenerte y no tenerte es lo mismo e igual. No sé por qué te busco cuando ya acabó nuestra triste función. Tal vez porque en ti hallo inspiración para decir adiós. |
miércoles, 20 de mayo de 2009
Amor en tiempos de crisis
1 Pensábamos casarnos, un día de éstos, con dos mil invitados en la iglesia del pueblo. Yo iría de Pronovias, tú con chaqué prestado, los padrinos serían mi padre y tu madre, testigos del bodorrio iban a ser los primos más los cuatro cuñados que nos quieren unidos, los niños de las arras serían los sobrinos incluido el más chico. Pero vino la crisis, tu ERE, mi despido; quedamos a dos velas lamiendo el convite. 2 Abrázame como cuando eramos clase media. Tengo frío bajo esta luna que dicen de Valencia. Abrázame hasta hacerme olvidar a la señora Pobreza. Tengo miedo ante el rostro de un plato huérfano. Abrázame hasta hacerme soñar con un gran banquete. Tengo miedo al mirar la despensa y encontrarle los huecos. Abrázame como cuando el Primer Mundo era nuestro. 3 Hemos cambiado los cursillos prematrimoniales por excursiones al INEM a las ocho y media. Yo preferiría un café, pero aguanto de pie la cola con salero. Empiezo a tararear bajito la rianxeira y tú dices silencio. Cariño, no estamos en la iglesia. Aquí, en esta cola, puedo cantar rianxeiras. Para no molestarte canto un padrenuestro y tú más te me alteras. No te entiendo, amor mío, yo no entiendo tu paciencia, esa fe en el Estado para resolver problemas. 4 Tus besos me saben a muy pobres besos, los míos te saben a besos ardientes. Me pides más calma, que ponga el freno. Lo siento, amor mío, soy ciclón caliente y no será el paro quien frene mi fuego. Me pides que calle, que sea silente. Lo siento, amor mío, me pone la guerra, dar caña al Gobierno, maldecir al rico, defender a un pobre, gritar que me he vuelto la más anarquista de la piel de toro. |
viernes, 8 de mayo de 2009
Del silencio a tus labios
| 1 Sólo aspiro a la paz, al silencio, hasta odio el tic tac de los relojes por el miedo. Las campanas, el canario, el portazo, los tacones, esos pasos... No aguanto el ruido haciendo daño. Me refugio en las hojas que un día fueron árbol. No me hablan. yo les hablo. Plasmo letras. Voy pintando las palabras. 2 Quiera ser una hoja como éstas que terminan en mis manos, con pasado de hija árbol y futuro en tus ojos de pantalla. La ventana no sería una cárcel. Bajaría del silencio a tus labios. Quedaría en una rima pronunciada. No sería un temblor de día santo. 3 Hoy me corre y me recorre como un río la nostalgia. No resisto el reloj y me sobra el calendario. Esa foto que me mira es mi cara menos años. Una niña a mi espalda se me clava de retrato. De la radio encendida salen voces que me amargan el sabor de una manzana. Yo existo y no encuentro hoy mis pasos. 4 En mis manos se exprime el bolígrafo acabado. Ya lo tengo suspirando por el sueño que no acaba. Marchará, tal vez mañana, olvidando estos dedos, esta casa, en su viaje. He bebido en su tinta mis palabras. Ahora busco un gemelo bic que me acompañe. Ya lo tengo y araño con las uñas otro plástico. |