Eras un osito de peluche
y te quería en mi cama
todas las noches.
Abrazaba tu cuerpo,
besaba tu rostro,
susurraba a tu oído
lo que no oías nunca.
Un día desperté
y seguías despierto
como siempre estuviste
y dejé de quererte.
Tanto había crecido
que te había cambiado
por un ejemplar distinto.
¡Qué ilusa fui yo!
¡Necesitaba lo mismo!
Pero cuando eres joven
lo distinto te sabe
a pimienta y tocino.
Por eso te dejé
aparcado en la silla
y metí en mi cama
al ejemplar distinto.
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