Éramos pobres, amor,
pero presumimos tanto
que hasta llevaba pendientes
dignos de una Cleopatra.
De mis orejas colgaban
los pendientes más vintage
que te había en el mercado,
todo color, todo arte.
Hoy los he vuelto a poner
sintiendo mucha nostalgia
porque ahora somos ricos
y voy de oro y diamantes.
