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domingo, 20 de diciembre de 2020

Navidades diferentes

Esta Navidad soñé
que era cierto el establo.
La vaca olía a vaca.
El buey era un buey manso.
Una oveja se acercaba
a lamer a un Niño Santo.
El cordero se fugaba
detrás de los Reyes Magos.
Herodes se hacía bueno
y le pedía perdón
a la Virgen por sus faltas.
Desperté pronto del sueño:
era un cuento imaginado.

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http://diarioescritoraanonima.blogspot.com/

lunes, 14 de diciembre de 2020

Navidad diferente

Este año venían los dulces
con etiqueta Banco de Alimentos.
Los polvorones eran donación
de Eroski y de un Gadis cualquiera.
El turrón lo pagaban las viejas
piadosas de misa a las nueve.
Había mantecados de Astorga
con fecha de caducidad cerca
del día de la Nochebuena.
Una botella de cava ponía
"fue donada por un hombre bueno".
La sidra, sin alcohol y en botella
con la cara dibujada de un viejo,
traía el tapón casi abierto.
Callados, comimos y dijimos,
¡feliz Navidad diferente!
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lunes, 24 de agosto de 2020

Amando en verso

Ella es joven
pese a haber cumplido
seis décadas justas
el otro domingo.

Juega con el perro,
ríe cuando mira
al señor fotógrafo
que la inmortaliza.

Para hacer la foto
más loca se sube
al árbol pequeño
igual que una mona.



domingo, 23 de agosto de 2020

Amando en verso

Abrí tu regalo y desee
que fuera algo barato
para poder devolver
cada euro en él gastado.

Suspiré cuando encontré
unos pendientes de saldo.
Seguro que los compraste
en el chino de tu barrio.

Éramos los dos muy pobres.
Así lo dije en privado.
Mi madre me comprendió.
Mi padre tonta me llama.

Tiro las cartas y sale
un as sobre el as de bastos.
El destino ha unido
el hambre y unas ganas
de comer juntos el mundo
a bocados de elefante.




Amando en verso

Viajemos, soñemos, amemos,
riñamos alguna vez, ¡vivamos!
Hoy quiero escribir en la acera:
te quiero.
Hoy no sé lo que es mañana.

Abrázame.
Dime que me quieres
para que recuerde que soy
una mujer enamorada.

Deja que te abrace
y que quede dormida esta noche
sobre tu pecho rasurado.




sábado, 22 de agosto de 2020

Mi Quijote

No sé cuando me vestí
de dulce Dulcinea,
pero sé que te vi
a ti, Quijote tierno,
acercando tus pasos
a mi verde universo.

Bajaste del caballo
tan alto como eras
y fuiste reducido
a casi metro y medio
cuando medí tu cuerpo
con mi cuerpo de cerca.

¿Serías don Quijote?...
Sancho Panza no eras.
Vi tu espada cortando
la hierba dulcemente
mientras casi besaba
mi mano tu aliento.



Quieres regresar a la política
llevándome de escudera
y dejando a Sancho Panza
entre niños con chupetes.

Yo seré la economista
que revolucione el Reino
con las cuentas que no cuadran
por ser cuentas de la vieja.

Reduciré tanto el gasto
como me pidas, mi jefe,
y dejaré en la hucha
del cerdito dos monedas
para tirarlas al aire
con el gesto de la suerte.

Ya casi me imagino
manifestaciones serias
ante el chalé que habito
cuando como tú yo sueño.

Quijote, querido mío,
¿seré yo tu Dulcinea?...
Has encontrado soñando
a la mujer de tus sueños.

Temo, Quijote querido,
que despiertes y me veas
cortando esa espada
con mis dientes de cigüeña.

Traeré a todos los niños
de París que nadie quiere
para vivir como príncipes
en la abundancia eterna.

Quijote, mira mis manos:
no son manos de una Reina.
Son las manos proletarias
que luchan para vencer
las injusticias que tienen.




¿Sigues pensando, Quijote,
en mí para el Ministerio?
¿No irás tras ese Sancho
cuando veas mi gobierno?...

Yo creo que no conoces
a la bella Dulcinea,
la dama que has elegido
para levantar tu Reino.

Loas mucho al monarca,
ves un futuro sin remos,
te sobran tantos políticos
como los cuentan tus dedos.

Me pides un presupuesto
para que no haya pobreza
y se multiplican pobres
sin trabajo y sin nevera.

La Economía se viste
de infinito en el quiero
mientras se vuelve finito
el tengo para los quiero.

Qijote, querido mío,
no quiero ser Dulcinea.
Prefiero el Paleolítico
y al Adán adolescente.

Tu barba casi me aleja
de noches de luna llena
mientras caigo en el sueño
con Adán en mi cabeza.

Quijote, amigo mío,
el amor es muy incierto
cuando yo soy el gobierno
de las cuentas de Hacienda.



domingo, 2 de febrero de 2020

Abuelos internautas

​No era lo suyo
un blando teclado,
el ratón le hacía
daño en la mano.
Encender aquello
era complicado.
Por eso les dijo:
bye bye yo me marcho.

Vuelvo a la cocina,
a mis guisos de ajo,
meriendas con nietos,
hijas sin trabajo,
un yerno que fuma,
otro yerno en paro.

Lo mío no es
un ordenador extraño.

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