Saltaba
Gritaba
Decía existo
Cumplía tres años
(Su hermano cinco)
Él era un grito
Su hermano listo
mamá lo besaba
Papá lo quería
La abuela acunaba
al hermano listo
Gritó al infinito:
yo también existo
¿Sería Caín?
Abel era el listo
Una muestra de mi obra literaria
Saltaba
Gritaba
Decía existo
Cumplía tres años
(Su hermano cinco)
Él era un grito
Su hermano listo
mamá lo besaba
Papá lo quería
La abuela acunaba
al hermano listo
Gritó al infinito:
yo también existo
¿Sería Caín?
Abel era el listo
Vuelan en un avión los cielos
soñando, diciendo, pensando,
temiendo
sus miedos
El miedo las besa enteras
y muerde con nauseas
estómagos llenos.
Se abrazan
¿Y si mueren?
Se acaban los sueños.
La niña recita el mismo poema
que se le escapa
rojo y travieso
a la Madre Miedos.
La niña llora
no come
no ríe
Le hace una sopa
La deja incomida
Le cuenta un cuento
Llora por el príncipe
Le dice que viene
su hada madrina
con un zapatito
rosa y otro lila
La niña ya ríe
Has venido a tapar
con tranquilidad mis miedos
tomando mi mano
en tu mano fuerte.
Me dejo engañar
(mis miedos no pueden)
Empiezo a soñar
(mis miedos me dejan)
Sigo con mis pasos
tus pasos al frente
y casi tropiezo
con una tormenta
de rayos ardiendo
y vuelven mis miedos.
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La vejez hablaba en su cara
con las huellas de los calendarios
y temió el adiós temprano
al ver los surcos marcados.
No podía ser la uva pasa
que no quieren en Fin de Año
ni podía ser mal recuerdo
de los dieciocho pasados.
Reinventó rasgo a rasgo
con la ayuda del cirujano.
Él cincelaba su rostro,
su cuerpo y casi su alma.
Ella pagaba y disfrutaba
una estatua que envidiaban
las amigas mal llamadas
amigas cuando no eran
lo que a ellas llamaban.
Su vejez era una hija lejos,
un marido perdido en el tiempo,
los sueños dorados de óxido,
un perro que era de otros.
La vejez era verse esperpéntica
en las fiestas de sábado noche
rodeada por viejos ancianos
que hablaban de achaques añosos.
Su vejez era una letanía rezada
a las puertas de una iglesia,
las lágrimas, el fastidio, el odio.
La vejez era un rosario de penas
en los dedos de un hombre pobre
manchado de vino, oliendo a puros.
Compramos la Navidad
en El Corte Inglés
y vino un señor
con un Nacimiento,
el árbol de plástico,
guirnaldas variadas,
los manteles rojos,
un Papá Noel
que trepa ventanas
y más que yo sé.
Jugamos a niños
y me equivoqué:
no había comprado
el mejor Belén.