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viernes, 2 de enero de 2015

Navidades baratas

Me siento masoquista en esta casa
templada por el frío de enero,
una sirena que nunca ha sido Reina,
la mujer vestida con el hielo
de una temperatura bajo cero,
la última olvidada en la Tierra.

No sale de mis labios el villancico
que cantaron cuando no estaban
pintados por el carmín de oferta
que ahora los disfraza de ancianos.

Los vecinos han recogido anticipada
la alegría que se fugó a su casa
dejando la mía deshabitada
de gritos embriagados en champán.

Corro con mi frío para el lecho
de las sábanas heladas en Siberia
y buscó el sueño en la almohada
que no escucha mis cuentos contados
en pesadillas de Nochebuena.

No sé si soy feliz cuando despierto
en un baile fuera de hora habitual.
No sé si estoy soñando una pesadilla
o mi sueño es una amargura más.

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Amando en verso

Fui una soñadora vestida de sirena
en el mar de los naufragados
donde las islas están siempre desiertas.

Esperé sin fin en mis agrias esperas
al príncipe que vendría en un velero
para rescatarme de mis hundimientos.

Desperté y estaba sola entre la maleza.
Era la mujer olvidada en la misma selva.
Caí de la montaña rusa con un juramento
bordando en mis labios el carmín borrado
por la sal del mar que era mi lecho.

Entonces salí como una fiera
dispuesta a emerger del fango y la arena.
Seguía siendo siempre yo la Reina,
la mujer invencible en todo incendio.

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