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viernes, 22 de noviembre de 2013

Amor en Marruecos


 
Nuestro último beso en Tetuán
fue un beso prometiendo un futuro
de salones y fiestas de largo.
 
Volví a besarlo cuando el destino
cruzó su camino entre mis senderos
y quise y quiso repetir el beso.
 
Amar era hacer equilibrios
jugando el azar en la carta roja.
 
Odiar era perder la apuesta
en las fichas rojas del rojo tapete.
 
Vivir era abrir la novela
escribiendo con las cuatro manos
un final y un érase.
 
Fuimos protagonistas condenados
por las páginas que escribió
la guerra del tiempo
en el destiempo del epílogo.
 
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