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sábado, 25 de marzo de 2017

Amando en verso

La vejez eran cuatro nietos,

cuatro hijos, cuatro nueras,

en sus manos los abriles

que no perdonaban pecas,

las piernas sin alegrías,

los brazos con codos viejos.


Le sonrió a su espejo

y los gallos le salieron

con las patas por el rímel

debajo de unas cejas

fruncidas en entrecejo.


La vejez se destapaba

cuando la fiesta era ella:

una rosa en el jardín

donde los rosales crecen.


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Roma es una ciudad que me apasiona. Me gusta pasear sus calles llenas de turistas, ir con mi marido a hacer ese turismo cultural que no aguanto en otras ciudade