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lunes, 1 de junio de 2009

Eva subida a su yo

1
 
Eva se descose
al llegar la noche
y queda desnuda
mostrando el rostro
libre de pintura.
 
parece imposible
que una costilla
hiciera su nombre.
 
No huele a barro
la boca que canta
nanas a la luna.
 
Las manos parecen
dos acordeones
pidiendo perdones.
 
Sus pies son altares
para las rodillas
que nunca arrodilla.
 
Subida a su yo
contempla el desierto
y arranca mis gritos.
 
 
2
 
Ella, que ha conocido el cielo,
pasea el infierno por el sonrojo.
 
No nace el maná,
no caen coliflores,
la lluvia no le llena
el vaso de licores.
 
Se arranca con las uñas la piel
hasta dejar la carne sin colores.
 
Ahora podrá atreverse
y se atreve a morder
la serpiente del odio.
 
El veneno es el vino que acompaña
los manjares nacidos de la tierra.
 
Eva renuncia al postre
porque mañana, tal vez,
el plato traiga menos.
 
 
3
 
El infierno está en la despensa
con un demonio instalado
en cada hueco desierto.
 
¡Horror de mis horrores!
El hambre entra
como un carterista
que roba carteras.
 
Le clava los dedos
a la última música
de la calderilla
y siente más miedo.
 
¿Dónde está Dios que no aparece?
Se alza la injusta bandera
del fuera de juego
y Eva maldice con fuego
a los millonarios
que llevan sus euros.
 
 
4
 
Al fondo del charco
no nada ni calla,
no llora ni canta.
Sale, cual sirena,
surcando canales
y alza el puño
sin rosa en la mano.
 
Ni Dios ni Gobierno,
ni Adán ni ángeles,
ella puede sola
morir y matarse
en este intento
de tirar la valla.
 
Eva se arrastra
hasta las cloacas
sembrando su fuego
a golpe de azada.
 
Le resbalan risas
el frío, el hambre;
aguanta erguida
los truenos y rayos.