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viernes, 15 de enero de 2010

Oda a la magdalena

Quedaba una, sólo una,
y la dejé en su soledad
de reina de bolsa Martínez
y me fui sin desayunar.
 
La volví a ver multiplicada
en idéntica bolsa sin acabar:
estaba trepando entre sus iguales
en la tienda del pan.
 
Se me encogió la cartera
sumando a la necesidad
un lujo para el paladar.
 
Y allí quedó la magdalena
que nunca fue última
en mi humilde hogar.