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lunes, 8 de septiembre de 2014

Amando en verso

No podríamos compartir la cama
ni tapar los cuerpos con nuestros abrazos.
No podríamos desayunar juntos,
hacer sus comidas, comerme las suyas.
No podríamos bautizar los hijos
que tanto soñamos despiertos y juntos.
No podríamos alcanzar la dicha
de un feliz matrimonio.
 
Lo nuestro quedaba en un imposible.
Miré su adiós. Miró mi despedida.
Él era silencio. Yo era suplicio.
 
Arrastré mis pies por la lejanía
dejando en la arena mis huellas
para que él volviera y yo...
regresara un día vestida de olvido
perdonando al Dios del Destino.
 
http://evarecomienda.blogspot.com/