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sábado, 18 de junio de 2016

Mujeres ricas

Los años no le pesaban,
el dinero le sobraba,
una esposa le ponía
juventud dentro de casa.

Corrían por la moqueta
las hijas que confundían
al abuelo con el padre
si se ponían de espaldas.

Un perro que un día fue
galgo oliendo la caza
se dejaba acariciar
por la suegra africana.

Corrían por el jardín
el café y los mazapanes
subidos a la bandeja
del mayordomo asiático.

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