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martes, 3 de marzo de 2015

Yolanda Smith en el jardín botánico de Nueva York

Necesitaba un día color verde
para olvidar mis días sin amor
en una vegetación que me atrapa
con patos y agua de limón.

Me arrimo al árbol más cortado
para sentir las dagas del dolor
sobre mi piel igual a su corteza:
áspera al cisne que llegó.

Podría nadar si no supiera
andar sobre los hondos charcos
donde se ha ahogado la imaginación.

Querría nadar si no supiera
nadar en el lago donde nadan
los cisnes que aún sueñan primaveras.